lunes, 31 de mayo de 2010
Una reseña: "Capilla de Guadalupe, al filo de una gestación".
Texto escrito por Armin Figueroa en la presentación del libro: "Capilla de Guadalupe al filo de una gestación", en el Museo de la Ciudad.
Recibir la invitación para integrar la mesa de presentadores de un libro siempre es un acto gratificante, uno pudiera pensarse portador de cierta opinión u observación importante sobre el contenido del libro en cuestión, entonces se anda entusiasmado por ahí, cavilando los muchos pensamientos que pudiéramos concebir con las múltiples lecturas hechas al libro de la noche. Las mejores ideas pasarán el filtro para establecerse en una de esas hojas blancas como alguna de estas que leo a ustedes, y es que no es tarea fácil atinar al gusto y exigencia de los asistentes que en variadas ocasiones acuden a tal o cual presentación de libro más en el papel de jurado que de espectador, caso común cuando hay varios especialistas sobre el tema o temas tratados. Pero hoy no sólo compartimos opiniones o ideas con ustedes, sino también el júbilo de tener en las manos el fruto de un proyecto emprendido hace aproximadamente un año.
Pues bien, los comentarios referentes al aspecto legal los dejaré en boca de mi compañero Paulo Verdín, no obstante para hablar de Capilla de Guadalupe. Al filo de una gestación título de este libro es necesario hacer referencia a la población aludida:
Por la salida a Zapotlanejo, a 105 kilómetros de distancia la carretera se ensancha para permitir la circulación al mismo tiempo a dos o tres vehículos en cada sentido, una señal vial verde turquesa con letras blancas anuncia: Poblado próximo, y unos metros después, oculto entre algunos matorrales que se rehúsan a abandonar su tierra, permanece el letrero Capilla de Guadalupe. De ese mismo lado, el derecho, podemos observar una pequeña mancha de casas y después las verdes praderas y los cerros vecinos. La mayoría de las casas están del lado contrario.
Inmediatamente después del letrero hay que dar vuelta a la izquierda, allí donde una carpa desmontable roja, alusiva a un refresco de cola es el recinto de alguna vendimia de comida. La calle luce en su superficie tonos negros, verdes y grises producto del empedrado mezclado con trozos de pasto y hierbas silvestres, un par de cuadras después los colores son sustituidos por el gris claro del pavimento hidráulico, La Capilla, como le llaman los oriundos, está pavimentada en su mayoría.
La calle se sigue hasta llegar a la plaza principal donde la tranquilidad solo es interrumpida por el estrépito motorizado que de cuando en cuando se estaciona unos minutos al poniente de la plaza para esperar algún pasajero, hemos llegado, ya estamos en el corazón de La Capilla.
Su gente:
Quien viaja de Guadalajara a Capilla de Guadalupe puede pensar a primera vista que los habitantes de esta pequeña población son huraños. En las bancas de la plaza, protegidos por la sombra de un ficus se puede ver reposar, contemplar o conversar a algunos señores con sombrero, la blanca edad se asoma en las patillas o en los canosos bigotes.
El visitante baja del camión y ellos sin acordarlo echan una mirada para ver quien llega a su pueblo; en los portales, cortinas y puertas abiertas invitan al transeúnte a adquirir algún producto o servicio, los tenderos recargados en el mostrador o sentados en los portales también lo miran a uno.
-¿Disculpe algún hotel? Y el capillense responde de inmediato, hay dos uno aquí en la esquina y otro a la vuelta pero este está más bonito.
-¿Oiga y para comer? Aquí en el mercado hay una fondita o allá a un lado de la notaria venden pizza.
Y si continuara preguntando me seguiría contestando porque los capillenses son amigables, amistosos y solidarios, no son huraños, el silencio que los acompaña, en la plaza o en los portales no es otra cosa si no el goce de la tranquilidad de su pueblo, la contemplación de su terruño. (Aunque aclaro, alguna excepción debe haber).
Habrá pues, que buscar hospedaje en uno de los dos hoteles vecinos a la plaza, en algunas temporadas hay pocos huéspedes, en otras, por ejemplo durante las fiestas las habitaciones escasean, y es que los 12 mil capillenses registrados en el censo de población y vivienda del 2001 reciben muchas visitas, sobretodos de los familiares que decidieron hacer su vida en Estados Unidos. Es quizá el fenómeno de la inmigración la causal de la disparidad proporcional entre varones y mujeres, de acuerdo a las estadísticas del citado censo el total de mujeres es de 6,260 mientras los hombres son: 5,565.
Dicha realidad se observa en la preparatoria donde es fácil mirar la cuantiosa presencia del sexo femenino.
Se entra al hotel para buscar una habitación dónde reposar y se sale con una obligada reflexión sobre la vida económica de La Capilla, pues existen varios elementos que muestran una constricción poco económica como: detalles laboriosos, pequeñas reproducciones de esculturas renacentistas como el David de Miguel Ángel y sillones de piel (o de una muy buena imitación).
El momento se presta para comer, a unos 20 metros está el mercado lugar de la fonda de doña Rosi, una mujer de aproximadamente 40 años que corrobora el carácter amigable de los pobladores, siempre servicial y trabajadora lleva una sonrisa para todos los comensales. La mayoría de los clientes son trabajadores que aprovechan el descanso para comer aunque en ocasiones alguna ama de casa llegan con sus recipientes para llevar al hogar albóndigas, carne con chile, frijoles y tortillas recién hechas. Y de cuando en cuando se ven algunos jóvenes investigadores.
El postre no puede faltar y en Capilla de Guadalupe las paletas del Feo se han posicionado como el preferido siendo la paleta estelar aquella con sabor a chocomilk.
Una caminata puede ayudar a la digestión de los alimentos se puede caminar por las calles del pueblo, el recorrido evocará la anterior reflexión sobre la economía, el primer cuadro está constituido por algunas casonas, constricciones conservadas en su mayoría aunque algunas están remodeladas. El desplazamiento a las orillas, donde están las nuevas edificaciones muestra un eclecticismo arquitectónico, si bien existen casas sencillas, de una sola planta con frente plano, y con no más de una puerta y dos ventanas en la fachada; también hay casas de grandes dimensiones, algunas con influencia californiana por ejemplo puertas blancas de madera para el garaje; otras casas guardan detalles de cantera, hay columnas que están muy en boga y herrería muy trabajadas. Este tipo de construcciones es posible gracias a un pueblo trabajador y ahorrativo desde hace bastantes años la ganadería, la forrajearía, la industria tequilera, los productos derivados de los lácteos y la floricultura han dado a la Capilla un firme crecimiento económico que aunado a las remesas de los connacionales propician un buen nivel de vida, por lo cual no es de extrañar las múltiples construcciones que se realizan día con día, los nuevos terrenos fraccionados y la gran cantidad de comercios de ropa, bisutería, artículos para la cacería y agricultura, entre otros. No se debe olvidar destacar el centro comercial llamado Centri Plaza, que cuenta con un elevador, con estacionamiento subterráneo, dos pisos de tiendas y un tercero para bares y alimentos, este último piso es uno de los lugares de reunión para los jóvenes.
Si se prefiere caminar por las plazas y parques hay varias localidades para hacerlo, las plazas de los templos de San José y del Sagrado Corazón de Jesús, la plaza principal y la plaza de los Charros donde se erige la estatua de Don Juan Franco Franco uno de los grandes charros que ha tenido Capilla de Guadalupe cuatro veces campeona nacional de charreria y cuya tradición sigue firme, los eventos de este deporte se presentan sobre todo durante las fiestas patrias. En está misma plaza hay una cancha mediana de futbol y una de básquetbol además de áreas verdes; niño y adolescentes se juntan en las tardes para jugar, se pueden escuchar, risas, gritos y uno que otro llanto.
Los jóvenes tienen otros lugares de reunión, uno mencionado anteriormente es el tercer piso de la Centri Plaza, otro es un bar en una de las calles de Capilla pero el tercero y más concurrido es la plaza principal. Miércoles y domingos a las ocho de la noche los muchachos bien vestidos salen de sus casas para ser participes de la Serenata tradicional, los hombres dan vuelta hacia un lado y las mujeres hacia el otro, buscan cruzar miradas, sonrisas, confetis o flores para conquistar una vuelta o dos o más. En las calles los automóviles dan vueltas creando una caos poco habitual el resto de la semana, en ocasiones llevan muchos ocupantes, en exceso o solo uno, pero siempre tiene música a un volumen alto.
Pero está tradición tiene una particularidad, dos de las cuatro caras de la plaza muestran una fuerte polaridad en la vestimenta, la acera más lejana al templo de la Virgen de Guadalupe está ocupada por jóvenes con una vestimenta casual; mientras en la acera contraria, la más cercana al templo la vestimenta de los muchachos se compone de playeras y pantalones o bermudas extra grandes, cachuchas con las iniciales de Nueva York o Los Ángeles California, tenis amplios con agujetas grandes, y collares grandes de color plateado. Esa noche sólo hubo dos sombreros, el de un capillense y el de mi compañero Paulo Verdín.
Al cuarto para las doce las campanadas recuerdan el límite de los permisos, las parejas se despiden, unos piden la última vuelta, otros se marchan y antes de contar quince minutos la plaza se ha quedado sola, con su quisco y sus palomas que ya duermen.
Es mejor regresar al hotel, a está hora ya no hay más que hacer, sino reflexionar sobre la realidad de ese pueblo que busca crecer.
A la mañana siguiente vuelven las campanas para anunciar el alba, los capillenses se despiertan para asistir a la primera de las celebraciones litúrgicas, iniciar el día del lado de Dios y de la Virgen Morena es una de las actividades más importantes, quien no puede acudir por las mañas hace una vista al templo a medio día o por la tarde, hay quien visita el templo más de dos veces al día.
Desde su origen la creencia religiosa estuvo presente pues la Capilla se fundó debido al agradecimiento que tuvo el Amo Aceves a la Guadalupana por haber recibido un milagro. Otro factor propicio para la vigencia de la iglesia en el pueblo es el papel fundamental que han tenido los párrocos en la introducción de los servicios públicos al pueblo, en la actualidad se le tiene un gran respeto y estima al sacerdote responsable de la parroquia de ahí que sea la iglesia el órgano difusor de las actividades necesarias para beneficio del pueblo.
No todos están de acuerdo en que la iglesia tenga un papel tan importante, tampoco en conservar la tradición religiosa del pueblo pero la gran mayoría de capillenses llevan grabada una leyenda “Que la lengua se me pegue al paladar si no me acuerdo de ti” Leyenda presente en el escudo de Capilla de Guadalupe.
Es hora de partir el autobús reclama el regreso.
Armin Figueroa
Recibir la invitación para integrar la mesa de presentadores de un libro siempre es un acto gratificante, uno pudiera pensarse portador de cierta opinión u observación importante sobre el contenido del libro en cuestión, entonces se anda entusiasmado por ahí, cavilando los muchos pensamientos que pudiéramos concebir con las múltiples lecturas hechas al libro de la noche. Las mejores ideas pasarán el filtro para establecerse en una de esas hojas blancas como alguna de estas que leo a ustedes, y es que no es tarea fácil atinar al gusto y exigencia de los asistentes que en variadas ocasiones acuden a tal o cual presentación de libro más en el papel de jurado que de espectador, caso común cuando hay varios especialistas sobre el tema o temas tratados. Pero hoy no sólo compartimos opiniones o ideas con ustedes, sino también el júbilo de tener en las manos el fruto de un proyecto emprendido hace aproximadamente un año.
Pues bien, los comentarios referentes al aspecto legal los dejaré en boca de mi compañero Paulo Verdín, no obstante para hablar de Capilla de Guadalupe. Al filo de una gestación título de este libro es necesario hacer referencia a la población aludida:
Por la salida a Zapotlanejo, a 105 kilómetros de distancia la carretera se ensancha para permitir la circulación al mismo tiempo a dos o tres vehículos en cada sentido, una señal vial verde turquesa con letras blancas anuncia: Poblado próximo, y unos metros después, oculto entre algunos matorrales que se rehúsan a abandonar su tierra, permanece el letrero Capilla de Guadalupe. De ese mismo lado, el derecho, podemos observar una pequeña mancha de casas y después las verdes praderas y los cerros vecinos. La mayoría de las casas están del lado contrario.
Inmediatamente después del letrero hay que dar vuelta a la izquierda, allí donde una carpa desmontable roja, alusiva a un refresco de cola es el recinto de alguna vendimia de comida. La calle luce en su superficie tonos negros, verdes y grises producto del empedrado mezclado con trozos de pasto y hierbas silvestres, un par de cuadras después los colores son sustituidos por el gris claro del pavimento hidráulico, La Capilla, como le llaman los oriundos, está pavimentada en su mayoría.
La calle se sigue hasta llegar a la plaza principal donde la tranquilidad solo es interrumpida por el estrépito motorizado que de cuando en cuando se estaciona unos minutos al poniente de la plaza para esperar algún pasajero, hemos llegado, ya estamos en el corazón de La Capilla.
Su gente:
Quien viaja de Guadalajara a Capilla de Guadalupe puede pensar a primera vista que los habitantes de esta pequeña población son huraños. En las bancas de la plaza, protegidos por la sombra de un ficus se puede ver reposar, contemplar o conversar a algunos señores con sombrero, la blanca edad se asoma en las patillas o en los canosos bigotes.
El visitante baja del camión y ellos sin acordarlo echan una mirada para ver quien llega a su pueblo; en los portales, cortinas y puertas abiertas invitan al transeúnte a adquirir algún producto o servicio, los tenderos recargados en el mostrador o sentados en los portales también lo miran a uno.
-¿Disculpe algún hotel? Y el capillense responde de inmediato, hay dos uno aquí en la esquina y otro a la vuelta pero este está más bonito.
-¿Oiga y para comer? Aquí en el mercado hay una fondita o allá a un lado de la notaria venden pizza.
Y si continuara preguntando me seguiría contestando porque los capillenses son amigables, amistosos y solidarios, no son huraños, el silencio que los acompaña, en la plaza o en los portales no es otra cosa si no el goce de la tranquilidad de su pueblo, la contemplación de su terruño. (Aunque aclaro, alguna excepción debe haber).
Habrá pues, que buscar hospedaje en uno de los dos hoteles vecinos a la plaza, en algunas temporadas hay pocos huéspedes, en otras, por ejemplo durante las fiestas las habitaciones escasean, y es que los 12 mil capillenses registrados en el censo de población y vivienda del 2001 reciben muchas visitas, sobretodos de los familiares que decidieron hacer su vida en Estados Unidos. Es quizá el fenómeno de la inmigración la causal de la disparidad proporcional entre varones y mujeres, de acuerdo a las estadísticas del citado censo el total de mujeres es de 6,260 mientras los hombres son: 5,565.
Dicha realidad se observa en la preparatoria donde es fácil mirar la cuantiosa presencia del sexo femenino.
Se entra al hotel para buscar una habitación dónde reposar y se sale con una obligada reflexión sobre la vida económica de La Capilla, pues existen varios elementos que muestran una constricción poco económica como: detalles laboriosos, pequeñas reproducciones de esculturas renacentistas como el David de Miguel Ángel y sillones de piel (o de una muy buena imitación).
El momento se presta para comer, a unos 20 metros está el mercado lugar de la fonda de doña Rosi, una mujer de aproximadamente 40 años que corrobora el carácter amigable de los pobladores, siempre servicial y trabajadora lleva una sonrisa para todos los comensales. La mayoría de los clientes son trabajadores que aprovechan el descanso para comer aunque en ocasiones alguna ama de casa llegan con sus recipientes para llevar al hogar albóndigas, carne con chile, frijoles y tortillas recién hechas. Y de cuando en cuando se ven algunos jóvenes investigadores.
El postre no puede faltar y en Capilla de Guadalupe las paletas del Feo se han posicionado como el preferido siendo la paleta estelar aquella con sabor a chocomilk.
Una caminata puede ayudar a la digestión de los alimentos se puede caminar por las calles del pueblo, el recorrido evocará la anterior reflexión sobre la economía, el primer cuadro está constituido por algunas casonas, constricciones conservadas en su mayoría aunque algunas están remodeladas. El desplazamiento a las orillas, donde están las nuevas edificaciones muestra un eclecticismo arquitectónico, si bien existen casas sencillas, de una sola planta con frente plano, y con no más de una puerta y dos ventanas en la fachada; también hay casas de grandes dimensiones, algunas con influencia californiana por ejemplo puertas blancas de madera para el garaje; otras casas guardan detalles de cantera, hay columnas que están muy en boga y herrería muy trabajadas. Este tipo de construcciones es posible gracias a un pueblo trabajador y ahorrativo desde hace bastantes años la ganadería, la forrajearía, la industria tequilera, los productos derivados de los lácteos y la floricultura han dado a la Capilla un firme crecimiento económico que aunado a las remesas de los connacionales propician un buen nivel de vida, por lo cual no es de extrañar las múltiples construcciones que se realizan día con día, los nuevos terrenos fraccionados y la gran cantidad de comercios de ropa, bisutería, artículos para la cacería y agricultura, entre otros. No se debe olvidar destacar el centro comercial llamado Centri Plaza, que cuenta con un elevador, con estacionamiento subterráneo, dos pisos de tiendas y un tercero para bares y alimentos, este último piso es uno de los lugares de reunión para los jóvenes.
Si se prefiere caminar por las plazas y parques hay varias localidades para hacerlo, las plazas de los templos de San José y del Sagrado Corazón de Jesús, la plaza principal y la plaza de los Charros donde se erige la estatua de Don Juan Franco Franco uno de los grandes charros que ha tenido Capilla de Guadalupe cuatro veces campeona nacional de charreria y cuya tradición sigue firme, los eventos de este deporte se presentan sobre todo durante las fiestas patrias. En está misma plaza hay una cancha mediana de futbol y una de básquetbol además de áreas verdes; niño y adolescentes se juntan en las tardes para jugar, se pueden escuchar, risas, gritos y uno que otro llanto.
Los jóvenes tienen otros lugares de reunión, uno mencionado anteriormente es el tercer piso de la Centri Plaza, otro es un bar en una de las calles de Capilla pero el tercero y más concurrido es la plaza principal. Miércoles y domingos a las ocho de la noche los muchachos bien vestidos salen de sus casas para ser participes de la Serenata tradicional, los hombres dan vuelta hacia un lado y las mujeres hacia el otro, buscan cruzar miradas, sonrisas, confetis o flores para conquistar una vuelta o dos o más. En las calles los automóviles dan vueltas creando una caos poco habitual el resto de la semana, en ocasiones llevan muchos ocupantes, en exceso o solo uno, pero siempre tiene música a un volumen alto.
Pero está tradición tiene una particularidad, dos de las cuatro caras de la plaza muestran una fuerte polaridad en la vestimenta, la acera más lejana al templo de la Virgen de Guadalupe está ocupada por jóvenes con una vestimenta casual; mientras en la acera contraria, la más cercana al templo la vestimenta de los muchachos se compone de playeras y pantalones o bermudas extra grandes, cachuchas con las iniciales de Nueva York o Los Ángeles California, tenis amplios con agujetas grandes, y collares grandes de color plateado. Esa noche sólo hubo dos sombreros, el de un capillense y el de mi compañero Paulo Verdín.
Al cuarto para las doce las campanadas recuerdan el límite de los permisos, las parejas se despiden, unos piden la última vuelta, otros se marchan y antes de contar quince minutos la plaza se ha quedado sola, con su quisco y sus palomas que ya duermen.
Es mejor regresar al hotel, a está hora ya no hay más que hacer, sino reflexionar sobre la realidad de ese pueblo que busca crecer.
A la mañana siguiente vuelven las campanas para anunciar el alba, los capillenses se despiertan para asistir a la primera de las celebraciones litúrgicas, iniciar el día del lado de Dios y de la Virgen Morena es una de las actividades más importantes, quien no puede acudir por las mañas hace una vista al templo a medio día o por la tarde, hay quien visita el templo más de dos veces al día.
Desde su origen la creencia religiosa estuvo presente pues la Capilla se fundó debido al agradecimiento que tuvo el Amo Aceves a la Guadalupana por haber recibido un milagro. Otro factor propicio para la vigencia de la iglesia en el pueblo es el papel fundamental que han tenido los párrocos en la introducción de los servicios públicos al pueblo, en la actualidad se le tiene un gran respeto y estima al sacerdote responsable de la parroquia de ahí que sea la iglesia el órgano difusor de las actividades necesarias para beneficio del pueblo.
No todos están de acuerdo en que la iglesia tenga un papel tan importante, tampoco en conservar la tradición religiosa del pueblo pero la gran mayoría de capillenses llevan grabada una leyenda “Que la lengua se me pegue al paladar si no me acuerdo de ti” Leyenda presente en el escudo de Capilla de Guadalupe.
Es hora de partir el autobús reclama el regreso.
Armin Figueroa
lunes, 29 de marzo de 2010
Mini crónica de la Ruta Rulfiana 2010
...nos fuimos al llano grande, allá para Sayula, a la tierra del niño Juan. Algunos de Los Solos ya conocían la casa, pero de todos modos se pusieron a leer la placa y se conformaron con tomarse la foto en la fachada, imaginando los pasos de Rulfo hacia la margen del riachuelo cercano, en esta primavera que luce a todo verdor. Las lecturas viejas se avivaron con el dulzor del rollo de guayaba comprado en el jardín, oloroso a nostalgia de aquellos árboles que tuvo la casa de antaño Madero 32. En San Gabriel la ruta fue puro gozo. La casa de los Pérez Vizcaíno tenía abierta su reja y mientras las composturas de papel de china echaban a volar la imaginación, posamos juntos en el umbral del zaguán, y luego en el patio de la entrada, entre sonrisas de fiesta y broma. Nadie se quería ir, los dueños de la casa, compasivos, amables, accedieron a uno y tantos flashazos sin chistar. Allí estuvo Juan hasta los diez años de edad, cursó la primaria, antes de salir a Guadalajara. Apulco se escribe aparte: qué pueblo blanco y callado...esbelto en su torre y pródigo de bugambilias. Una sola alma en el centro de lo que fuera la hacienda de los abuelos y padres de Rulfo. El calor obliga a buscar la sanidad de la sombra, a pensar si vale la pena ir a conocer Tuxcacuesco luego de tanto sol. Un águila cruza en tanto el pueblo se calcina, hay un solo comercio abierto a la orilla para refrescar la garganta.Tuxcacuesco y Sayula han llamado a su Casa de Cultura: Juan Rulfo y éste, ha respondido con creces a la distinción. Cerca nos queda Apulco, con la cabaña prometida, donde frente a una chimenea leemos en voz alta lo que todo el grupo quiere escuchar.
Silvia Quezada



Silvia Quezada



sábado, 13 de marzo de 2010
Vibrantes borboteos eróticos
Todos los hombres, en todas las épocas, han tenido su objeto de inspiración erótica, ya sea humano, animal, material o espiritual. Si imagináramos por un instante que el objeto-musa desapareciera de la faz de la tierra, la existencia humana se tornaría absurda, triste e inútil. Por ello, la literatura tiene como virtud primaria, el don de sujetar las imágenes en palabras y cubrirlas de embriagadora magia y deseo.
Al recorrer estas páginas de vibrantes borboteos eróticos, la mente se convierte en una zona sensible y arrebatadora que recae en la conciencia inmediata, la cual en el sosiego permite conmoverse ante un cielo rojizo, un mar esmeralda o un prado amarillo, o ante la mujer de cabellos y piel infantiles sentada en la piedra de las mutaciones, o ante aquella transgresora quien se sabe dueña de un cuerpo que seduce y es quien busca el gozo momentáneo y somete al otro en su alcoba, al igual que aquel experimentador de la carne femenina acompañada de licor, de fotografías y videos para exhibirse desde una profesión disfrazada para terminar confundido y no saberse hombre o mujer, o en último término, sólo contemplarse como una persona construida por las ideas socioculturales secuestrando dos géneros en un solo ser de bellas y exquisitas piernas que sostienen, a personajes y lectores, entre las percepciones de los imágenes de diosas reales o imaginadas.
Estos ensayos emotivos y llenos de cuadros deleitables y sensoriales aprueban el viaje, entre líneas, de la perenne lucha entre la imaginación y la acción, la lectura y el deseo, la sexualidad y el erotismo, siendo estos dispositivos complejos que abarcan diversos componentes –emocional, social, cultural, artístico, geográfico, bioquímico y los sentidos que se relajan en el júbilo– de la atracción erótica. Pero al final del repaso sensorial de los trabajos acertamos con el elemento reflexivo del anhelo de pureza, el cual se devela en el intersticio de la evidencia y de la recreación de los cuerpos al entrar en contacto.
Por ahora sólo estoy frente a un estado de enajenación visual con un peculiar encanto sugestivo por las imágenes silenciosas y explosivas del lenguaje erótico, mismos componentes que los hombres y mujeres utilizan en el cortejo de miradas llenas de coquetería, significando el hilo invisible que nos liga con las satisfacciones humanas, las cuales metafóricamente hablando son: el amor-erótico, el carnal, el cuerpo deseoso sólo de goce instantáneo y de todo aquello que puede proveérsenos como una isla rodeada por las aguas de las miradas que saben contemplar al otro y a sí mismas.
Por todo ello, la lectura de este libro, Develaciones eróticas en cuentos mexicanos, nos sumergen en los límites del significado y el sentido, aún cuando nunca consigamos zafarnos de las determinaciones inherentes a todo lenguaje sensorial y poético, estimulando mundos eróticamente holísticos.
El libro nos absorbe ante las formas bellas y sensuales que, al mismo tiempo, nos perturban las reflexiones y nos esclavizan por los actos amorosos, los cuales anhelamos reproducir con pujanza, palabra a palabra, llenos del fuego etéreo de múltiples imágenes compuestas de carne, poder, transgresión, ingenuidad, atracción de hombres y mujeres ante sí y ante los demás, quienes concretizan los actos eróticos con la contemplación y puesta en práctica del apetito amatorio que no cesará jamás en quién se aventure a la lectura, a profundidad y práctica activa, de esta obra.
(Texto hecho por Edgar Leandro Jiménez para la presentación del libro Develaciones eróticas en cuentos mexicanos, en CAISAME Estancia Prolongada de la Secretaría de Salud Jalisco a través del Instituto Jalisciense de Salud Mental. El día 14 de octubre de 2009).
Al recorrer estas páginas de vibrantes borboteos eróticos, la mente se convierte en una zona sensible y arrebatadora que recae en la conciencia inmediata, la cual en el sosiego permite conmoverse ante un cielo rojizo, un mar esmeralda o un prado amarillo, o ante la mujer de cabellos y piel infantiles sentada en la piedra de las mutaciones, o ante aquella transgresora quien se sabe dueña de un cuerpo que seduce y es quien busca el gozo momentáneo y somete al otro en su alcoba, al igual que aquel experimentador de la carne femenina acompañada de licor, de fotografías y videos para exhibirse desde una profesión disfrazada para terminar confundido y no saberse hombre o mujer, o en último término, sólo contemplarse como una persona construida por las ideas socioculturales secuestrando dos géneros en un solo ser de bellas y exquisitas piernas que sostienen, a personajes y lectores, entre las percepciones de los imágenes de diosas reales o imaginadas.
Estos ensayos emotivos y llenos de cuadros deleitables y sensoriales aprueban el viaje, entre líneas, de la perenne lucha entre la imaginación y la acción, la lectura y el deseo, la sexualidad y el erotismo, siendo estos dispositivos complejos que abarcan diversos componentes –emocional, social, cultural, artístico, geográfico, bioquímico y los sentidos que se relajan en el júbilo– de la atracción erótica. Pero al final del repaso sensorial de los trabajos acertamos con el elemento reflexivo del anhelo de pureza, el cual se devela en el intersticio de la evidencia y de la recreación de los cuerpos al entrar en contacto.
Por ahora sólo estoy frente a un estado de enajenación visual con un peculiar encanto sugestivo por las imágenes silenciosas y explosivas del lenguaje erótico, mismos componentes que los hombres y mujeres utilizan en el cortejo de miradas llenas de coquetería, significando el hilo invisible que nos liga con las satisfacciones humanas, las cuales metafóricamente hablando son: el amor-erótico, el carnal, el cuerpo deseoso sólo de goce instantáneo y de todo aquello que puede proveérsenos como una isla rodeada por las aguas de las miradas que saben contemplar al otro y a sí mismas.
Por todo ello, la lectura de este libro, Develaciones eróticas en cuentos mexicanos, nos sumergen en los límites del significado y el sentido, aún cuando nunca consigamos zafarnos de las determinaciones inherentes a todo lenguaje sensorial y poético, estimulando mundos eróticamente holísticos.
El libro nos absorbe ante las formas bellas y sensuales que, al mismo tiempo, nos perturban las reflexiones y nos esclavizan por los actos amorosos, los cuales anhelamos reproducir con pujanza, palabra a palabra, llenos del fuego etéreo de múltiples imágenes compuestas de carne, poder, transgresión, ingenuidad, atracción de hombres y mujeres ante sí y ante los demás, quienes concretizan los actos eróticos con la contemplación y puesta en práctica del apetito amatorio que no cesará jamás en quién se aventure a la lectura, a profundidad y práctica activa, de esta obra.
(Texto hecho por Edgar Leandro Jiménez para la presentación del libro Develaciones eróticas en cuentos mexicanos, en CAISAME Estancia Prolongada de la Secretaría de Salud Jalisco a través del Instituto Jalisciense de Salud Mental. El día 14 de octubre de 2009).
Hacerle el amor a un libro
Penetrar en la intimidad poética de los personajes, despojarlos letra por letra hasta llegar a la verdad desnuda de sus pasiones más escondidas.
Tú, lector, ojo cómplice de estas imágenes ciegas. Abriendo un abanico de posibilidades literarias que se extienden a un nuevo encuentro, al encuentro con la transgresión. En la alcoba, se encuentra el primer hombre y la primera mujer. El primer cielo y el primer pecado unidos en la indescifrable sensación de un universo oculto. Una niña desde su trono capaz de someter a su yugo el más impuro de los deseos, rebasando quizás los límites del goce. Allí, donde los sentidos se entrelazan en una fiesta y el festejado es Eros. Tal vez descubras en el convite que las anguilas son hermafroditas, que las cerezas y los quesos son detonantes explosivos de lujuria, que el lugar perfecto para aprobar la vida no es siempre el lado bueno, luminoso, sino el siniestro y oscuro.
El erotismo es, lector, el dialecto del cuerpo. Un enjambre de letras que lo bañan e inundan de lo divino y lo demoníaco. Una confusión donde no cabe distinción alguna entre filias y parafilias. El descubrimiento de que ella y él, son sólo un reflejo. Espejo de la carne capaz de revelar el más íntimo secreto. Mientras descubres esto, también has enfermado de voyeurismo literario, miras a través de las palabras lo que otros ven detrás de las ventanas. Conquistando un misterio al recorrer de las páginas. Descobijando historias inverosímiles en pro de una aventura fantástica y, sobretodo, con el placer de saber que nunca serás descubierto. Es entonces cuando declararás que sufres como yo, de develaciones eróticas mexicanas y te darás cuenta que le has hecho el amor a algún libro tan sólo tocándolo con la mirada.
(Texto preparado por Paulo Verdín para la presentación del libro Develaciones Eróticas en cuentos mexicanos el día 28 de octubre del 2009 en el Centro Universitario Enrique Díaz de León)
La erotización de la lectura
El erotismo, tal como lo pensamos, es la manifestación de lo inconcluso. La búsqueda por el otro. La continuidad del "yo" en el acto amatorio. Lo erótico se insinúa, se desdibuja, se escurre en la palabra de manera suave. Ese espacio limítrofe entre lo mostrado y lo oculto es su dominio: el deseo sin palabra, la caricia sin tacto, el voyeurismo inquietante, en sí, el poder sin posesión.
Al iniciar los trabajos de selección y análisis de los cuentos, se pensaba en el lector sin rostro, múltiple y polifacético; uno estandarizado en el adjetivo de "joven". Sin embargo, la autoexigencia en los miembros que conformamos el grupo motivó a reelaborar esa imagen del Otro como uno devorador, cuestionante, intuitivo, capaz de llegar hasta el límite sensorial en el proceso de lectura junto a nosotros.
Develaciones eróticas en cuentos mexicanos contiene en sus páginas una reflexión que va más allá de la letra, donde el "yo erótico" no sólo se encuentra en los personajes de los cuentos seleccionados, sino también en los diez escritores que nos encontramos compilados ahí. El objeto de nuestro análisis se convirtió en sujeto poniéndonos ahora en posición alterna, haciéndonos touché para ser reflexionados de la misma manera que nosotros a ellos. Es, a fin de cuenta, de lo que se trata la crítica.
El libro erotiza cuando logra ese contacto comunicativo inicial con la revisión histórica del tema que realiza Mariela Bárcenas. En prosa elegante se trabaja un tópico controversial que evidencia las relaciones humanas, pues lo erótico es parte del vivir continuo. Así, encontraremos situaciones tan dispares e intrigantes que alimentaron nuestra imaginación. Los cuentos nos orillaron al trabajo sistemático, donde leer había dejado de ser un goce para convertirse en una entrevista prolongada: entre Edgar y esa alcoba de infidelidad, entre Paulo y la frustración que produce una ventanita, entre Mónica y el incesto inconcluso de dos hermanos, entre Silvia y una mujer que es todas las antiguas amantes, entre Ricardo y una noche de sexo, entre Jorge y la niña reina, entre la que habla y una loba.
Develaciones eróticas en cuentos mexicanos es el resultado de esas noches de lectura compartida, de controversias, de sonrojamientos y respiros profundos. Busca hacer de ustedes parte de ese espacio íntimo de lectura en el café preferido, la alcoba, el sillón o los pasillos de una Universidad.
(Texto de Reyna Hernández Haro para la presentación del libro en las instalaciones de la Universidad del Valle de México-Guadalajara Sur, 25/noviembre/2009)
jueves, 11 de marzo de 2010
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